PROFE ACA LE DEJE EL RELATO :)
El libro que leí se llama Voces Anónimas es un libro que
está lleno de historias sobrenaturales de un "universo mágico". La
historia que leí se titula La sombra de Ipoll. Ipoll es un liceo muy antiguo de
la cuidad de salto, el más antiguo, fue fundado hace cerca de ciento treinta
años en él estudiaron figuras importantes para el Uruguay como Horacio Quiroga,
la antigüedad de este liceo ha dado lugar a una cantidad de historias. Los
salteños juran que por las noches las luces del edificio se prenden y se apagan
solas, y hay gente que ha visto sombras dentro de él en horas en que debería no
haber nadie allí adentro. Hacía mediados de la década de los 80 unos agentes de
Policía visitaron el lugar durante la madrugada, y no se imaginaban que al hacerlo serian protagonistas de una de las
leyendas urbanas más escalofriantes de la tradición oral del departamento.
Algunos vecinos de la ciudad recuerdan que por aquellos años una de las ventanas
del liceo tenía el vidrio roto. Por cuestiones presupuestales, las autoridades
del IPOLL decidieron tapar el agujero con unas planchas de madera compensada y
las afirmaron con un mueble pesado. El arreglo anduvo bien por un tiempo, pero
algunos niños de la zona se les ocurrió entrar por las noches al liceo. Nunca
hicieron mucho daño, pero a veces se le iba la mano y dejaban todo desordenado.
Y por eso la dirección del liceo le pidió a la Jefatura de Policía que
estableciera a un guardia a las horas de la noche. La policía ordeno que dos
agentes se encargaran de vigilar el perímetro del IPOLL toda la noche. En el
verano, los policías no tuvieron ningún problema para vigilar en lugar, y los
niños ya no se aparecieron por allí, pero con el invierno, todo se complicó; el
frió de salto en esas épocas del año es tan insoportable que ni siquiera los
propios habitantes de la ciudad pueden acostumbrarse a él, así que le pidieron
permiso a sus superiores para que los dejaran hacer la vigilancia adentro del
edificio y la Jefatura de Policía les
dijo que sí. Como vieron que todo se tranquilizó sacaron a uno de los
policías y solo quedo uno cuidando el edificio. La mayor parte del tiempo, se
la pasaba sentado en un banco del hall principal pero a cada rato tomaba su
linterna y se ponía recorrer el edificio, todo se presentaba frió, silencioso y
envuelto en penumbras. Una noche este policía escucho ruidos, estos provenían
desde los laboratorios, ubicados en el primer piso del IPOLL, al fondo de un
estrecho corredor. Parecía como si alguien estuviera moviendo los muebles,
abriendo los cajones o revolviendo los materiales en ese lugar. El agente
pensaba que los niños habían vuelto a hacer de las suyas, estaba convencido
entonces bajo por las escaleras, pero se sorprendió al ver que la puerta del
laboratorio estaba entreabierta, cuando se acercó mas, vio que también que la
cerradura no había sido forzada. Aunque lo más extraño de todo era que por
debajo de la puerta, así como a través de la hendija que quedaba entre esta y
la pared, se podían ver algunas sombras que se movían en el interior de la
habitación. El policía tuvo una sensación muy rara. Una cosa era escuchar
ruidos a lo lejos porque para él era costumbre escuchar ruidos de alguna cosa
que se caía, pero otra muy diferente era comprobar con sus propios ojos
aquellos movimientos en el interior del laboratorio, porque ellos indicaban con
claridad que allí había alguien y que la situación se iba a poner difícil. No
obstante, tenía la obligación de averiguar que estaba pasando, así que empujo
la puerta lo más silenciosamente que pudo para sorprender al intruso. Al
abrirse la puerta, el policía comenzó a alumbrar con su linterna de arriba
abajo en el interior de la habitación, pero no pudo percibir nada raro pero,
como aquellos misteriosos sonidos continuaban en todas partes, no tuvo más
remedio que caminar unos pasos hacia adentro del laboratorio, sacar su arma y
gritar bien fuerte: -¡Policía! ¡¿Quién anda ahí?! Apenas termino de decir esto,
la puerta del laboratorio de biología se cerró a sus espaldas. Y de inmediato,
una lluvia de objetos empezó a caer sobre él. Atemorizado y sin comprender que
estaba ocurriendo el agente se arrojó debajo de una de las mesas de azulejos
blancos del laboratorio tratando de protegerse. Estaba aterrado pero era su
deber controlar la situación. Así que se quedó acurrucado unos instantes,
tratando de ganar tiempo para pensar en la mejor manera de continuar el
procedimiento, mientras a su alrededor el escandalo no se detenía. Cuando
parecía que todo se había calmado el policía salió de ahí abajo, abrió la
puerta y se fue del laboratorio. Corrió hasta una oficina que estaba al lado de
la dirección del liceo para buscar un teléfono y con las manos temblorosas,
marcó el número de la Jefatura de Policía y pidió con urgencia personal de
apoyo. Minutos más tarde una patrulla llegó y de ella salieron dos uniformados.
Cuando los policías entraron y lo vieron él estaba blanco y casi no podía
hablar, no le pudo explicar a los otros agentes lo que había pasado entonces
uno de ellos fue hasta el primer piso para ver qué pasaba y el otro se quedó
con el agente. Mientras tanto el agente que fue a ver qué pasaba estaba
nervioso, y se dirigía al laboratorio con su revólver y a medida que bajaba uno
a uno los peldaños, notó que algo extraño estaba pasando a lo lejos se
escuchaba, llegando como un eco desde lo más profundo de los corredores, el
sonido de una voz gutural, ronca y cavernosa que no se parecía para nada a la
de un ser humano. A pocos pasos de la habitación, el agente fue testigo de algo
impresionante. Era una especie de mancha negra y grande que se movía
difusamente en las penumbras. Era aterradora y se proyectaba como un fantasma
sobre las paredes los ventanales y los pisos del liceo. Y lo peor de todo fue
que, además de su espantoso aspecto, empezó a avanzar hacia el policía,
mientras emitía un chillido agudo y fuerte que le lastimaba los oídos. Tan feo
era el aspecto de esa sombra que, a pesar de todo su coraje, el agente saco su
arma y comenzó a disparar, mientras retrocedía de espaldas hacia la escalera.
Las detonaciones alteraron a los otros dos uniformados que estaban junto al
salón de actos y se vieron sorprendidos cuando el policía apareció en el primer
piso pidiendo ayuda a los gritos y dándose vuelta de a ratos para disparar a la
sombra que venía persiguiéndolo. A ellos se les helo la sangre al contemplar la
figura de ese fantasma, sin dudarlo sacaron sus armas y comenzaron a
dispararle, mientras corrían hacia la puerta de entrada, tratando de alcanzar
la salida. Justo cuando los tres policías salieron a la calle, una segunda
patrulla llego al liceo, y ellos les contaron lo que paso y ni los oficiales
recién arribados, ni los tres que acababan de salir se animaron a entrar de
nuevo al liceo, prefiriendo dejar las cosas como están. El caso nunca se
resolvió. Y ahí se quedó en solitario la sombra del IPOLL, en medio de la
madrugada salteña.
Gracias por publicarlo profe!
ResponderEliminarA ti por el aporte! =)
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